jueves, 8 de junio de 2017

Centros

Por alguna razón inexplicable (como muchas otras) un hombre se ha parado en el centro del planeta, el cual por coincidencias astrológicas y astronómicas se encuentra, en ese momento, alineado con el centro del universo. 

Como es de suponerse, de inmediato se entabla entre este hombre y el mundo un conjunto de relaciones místicas que desembocan en la lucidez extrema. Por un instante él se adueña de todas las preguntas y respuestas que el género humano, en compañía de sus sabios y de sus dioses, ha buscado por miles de años. 

En un lapso de tiempo todo ha coincidido para después  continuar su marcha. Los centros se desvirtúan y la convergencia se rompe. El hombre da un paso para caer de manera irremediable en la locura. 

Jesús David Buelvas Pedroza  

sábado, 20 de mayo de 2017

Solo… un muñeco



Sólo un muñeco sobre el techo de la casa vecina.
Lo veo desde la ventana del segundo piso.
Me pregunto en qué tarde de juegos habrá llegado hasta allí.
Parece contarme acerca de las manos
de los mimos y apretones que extraña
de los días en que reposó sobre una almohada
mientras penetraba los sueños de una cabeza infantil.
En ocasiones he querido rescatarlo
devolverle un poco de esa vida que dio
a quienes lo usaron para crecer.
Seres humanos muy parecidos a mí
cuando me alejo sin llevar a cabo mi anhelo.
Un adulto apto para ignorar los arranques
del niño que se asoma a la ventana
quien con su voz de matices que ya no distingo
me recalca que siempre dejamos las cosas que fuimos
(las cosas que tejieron la alegría de nuestra existencia)
para dedicarnos, irremediablemente, a ser nosotros mismos.

Jesús David Buelvas Pedroza


jueves, 13 de abril de 2017

Apuntes sobre ortografía

La ortografía no es un asunto académico. Es un ejercicio de pensamiento que se da cuando se escribe con profesionalidad. Ni siquiera quienes estamos dados a la academia nos salvamos de los errores ortográficos. Por más práctica que tengamos, siempre se cuela alguno que otro gazapo. Lo que hacemos es tomarnos la escritura con reposo y revisar antes de publicar.
Creo en la libertad de pensamiento y de acción y quien desee publicar sus mensajes sin revisar y corregir ortografía y demás está en todo su derecho. Desde una perspectiva pragmática se valida esta posición en la que lo que importa es el contenido del mensaje. Sin embargo, es preciso aclarar que la atención a la ortografía es un asunto de contexto y en el contexto académico es necesario para hacernos entender y no por el simple hecho de guardar de manera psicorígida una regla.
Por otro lado, es necesario aclarar que las reglas no deben verse como anquilosadoras de la evolución y la vida del lenguaje. Estas solo existen para regular en la medida en que garantizan los mínimos necesarios para que haya comunicación.

Jesús David Buelvas Pedroza

sábado, 25 de marzo de 2017

Reflexiones sobre la sociedad, el pensamiento y la educación



La posición de esa gente que piensa que la tecnología y la ciencia, más la primera que la última, constituyen la panacea en cuanto a la solución de los problemas del mundo surge principalmente de una estructura mental débil producto de una educación encaminada a cualquier otro objetivo menos al de formar pensadores críticos, capaces de ver la realidad desde una perspectiva amplia y a la vez profunda. La ciencia y la tecnología no son perjudiciales en sí, están ahí como lo está una hoja de papel frente al escritor o un libro de filosofía o literatura frente al lector. Se precisa por parte del sujeto, del hombre, tener unas herramientas conceptuales y unas habilidades de pensamiento para ver la importancia, en la justa medida de cada una de estas realidades. Cada forma del conocimiento tiene una función loable dentro de la sociedad que hemos formado pero somos nosotros, a partir de nuestra formación, quienes sobredimensionamos unas y menospreciamos otras.
Siempre le digo a mis estudiantes, usen la tecnología no dejen que ella los use a ustedes. Pero es difícil que unas cuantas palabras puedan más que la impresión causada en el cerebro de cientos de miles de seres humanos por la idea de confort y de consumo transmitida a través de los diferentes medios con los cuales nos relacionamos a lo largo de nuestras vidas.
De todas formas es preciso seguir siendo y luchando. Pronunciándonos desde el pensamiento que nos mueve y desde las acciones que este conduce.

sábado, 18 de marzo de 2017

Textos sobre educación y otros tópicos.



Todavía existimos idealistas, enfermos de optimismo que creemos que los conocimientos humanísticos y las carreras de esta línea tienen sentido y valen la pena ser estudiadas. Algún profesor de filosofía, en mi adolescencia, me dijo algo que nunca se me ha olvidado; dijo algo como que la filosofía y la literatura aportan al mundo la posibilidad de dimensionar al hombre, de rescatarlo desde el más fondo abismo en que está siendo sumido por el entorno de consumismo y confort en que le toca vivir. Yo le creí y le sigo creyendo, sobre todo cuando le hablo a mis estudiantes desde cualquiera de las dos áreas y veo como se les iluminan los ojos ante la posibilidad de ver el mundo de manera diferente. El problema no está en que la filosofía y la literatura no tengan una aplicabilidad en el mundo de hoy. Creo, es mi parecer y como todo parecer discutible, está en parte en la actitud de quienes las estudian y quienes las enseñan. Estos, muchas veces no saben cómo hacer que dichos conocimientos adquieran sentido en la vida de ellos ni en la de los estudiantes. En medio de esa crisis de optimismo en la que vivo, sueño con un mundo en el que cada profesional sea capaz de ver que todo lo que se hace desde cualquier carrera se hace por y para los seres humanos. Y, a mi modo de ver, esta posibilidad de lo humano solo se puede percibir y afianzar a través de estos conocimientos aparentemente, solo aparentemente, nada prácticos.

lunes, 16 de mayo de 2016

Noticiero

He recibido mi dosis personal de violencia.
Casi cuarenta minutos frente al televisor
para que los presentadores – él vestido de frac
ella con un atuendo muy clásico –
me dispararan la ráfaga de atracos
de ataques con ácido
de accidentes automovilísticos
y de asesinatos pasionales
con que los reporteros han coronado el día.
El con gesto adusto ha anunciado
el desmonte de una estación espacial
cuyos fragmentos comienzan a caer
en cualquier lugar de la Tierra.
Ella, impasible, habla de la corrupción
de los efectos del desfalco en el erario.
El raponeo, las bandas de sicarios
las pandillas y la violencia policial
han sido incluidos entre las notas del día.
Frente a esto, yo, televidente de ocasión
apago el televisor antes del reporte internacional.
Evito ver lo anterior llevado a escalas mayores
tal vez al estado de la guerra total
en que quizá el mundo se encuentre.
Me prohíbo pensar en las calles
en los orates y sin casas que las habitan.
Pienso en la franja de farándula
con que el noticiero culminará
este trágico inicio de mi jornada laboral.
Esta primera dosis me obliga a pensar
en las garantías del encierro
en optar por meterme debajo de la cama
en no abrir la puerta
para evitar que una bala perdida
pulse en mi cabeza el botón de apagado
que mandará al carajo todo esto.

Jesús David Buelvas Pedroza

miércoles, 13 de mayo de 2015

El insoportable peso de la memoria

El insoportable peso de la memoria

“La suma de tantas desgracias tal vez habían hecho del mundo
un lugar para la mala vida, un pozo de suspiros infructuosos
por la felicidad que no se conoció”
Roberto Burgos Cantor La ceiba de la memoria

Tan sólo el arte, en especial la literatura, nos permite recrear a manera de testimonio catártico los pormenores de nuestra desgracia. Gran parte de la historia de la humanidad no es más que el recuento de sus tribulaciones, de los diferentes momentos en que el hombre se ha ensañado en contra del hombre mismo, sometiéndolo a vejámenes y humillaciones que de sólo recordar nos sumergen en los abismos del vacío y la vergüenza. Sin embargo, manifestaciones como la pintura, la escultura, el teatro y en este caso la literatura, nos permiten revisar estos episodios comprometedores de nuestro devenir esperanzados en que, a pesar de todo, seamos capaces de enmendar en algo esta Historia Universal de la Infamia que con nuestro paso avasallante por el mundo nos hemos dedicado a construir.
Nuestra historia reciente y la de los siglos anteriores están determinadas por el carácter errático de nuestra humanidad; por la búsqueda incesante del poder a costa del sometimiento y la destrucción; por la humillación de los otros hasta el cansancio y el exterminio de sus voluntades. Esas historias generalmente son contadas por medios oficialistas que ocultan, con fines nada claros, los pormenores del infortunio, dejándonos el sinsabor de todo cuento “mal echado”. Afortunadamente para nosotros, existe la conciencia del escritor que sin dejar de lado su amor por la ficción, decide centrarse en el hecho histórico para novelarlo; lo investiga, modela las voces, los personajes necesarios, anticipa el tono de su relato y se dispone para recrear de manera llamativa aquello que los años y las necesidades del ocultamiento no nos habían revelado. No es la historia “real”, pero tiene de valioso, más allá del relato que repetimos de memoria en las escuelas, la interpretación osada que lo hace atractivo para todo ser humano.
Esta mirada del escritor deja como resultado un relato que conmociona hasta el punto de conducirnos a la revisión crítica de nuestra historia, generando en los lectores la necesidad de rebelarnos en contra de esas cortinas de humo creadas por los relatos oficiales; velos que al ser corridos nos dejan frente al vacío, ante el sinsabor que todo ser humano experimenta cuando se percata de que su historia personal o la del colectivo al que pertenece pueden estar fundadas sobre una falacia. Es esta posición en contra del ocultamiento, esta necesidad de una revisión crítica de los hechos, esta ansiedad producto del sinsabor, del vacío, esta sensación de no haber contribuido para rectificar nuestros asuntos lo que nos queda después de leer “La Ceiba de la Memoria” de Roberto Burgos Cantor.
Este libro es la historia de la ignominia hecha novela. A partir de un entramado que inmiscuye personajes de espacios y tiempos diversos, unidos por recursos a través de los cuales se confecciona la necesidad que parece impulsarlos a todos, incluyendo al lector, se ficcionan los pormenores de la esclavitud en los tiempos de la colonia, los despojos productos del holocausto nazi y el profundo desarraigo del hombre moderno. Esta novela está construida a partir de voces que con una fuerza particular cuentan sus tribulaciones y ofrecen su visión acerca de los aspectos de la cotidianidad que ellos mismos protagonizan. Por medio de este recurso narrativo participamos de la inquebrantable fe y el sacrificio de Pedro Claver; del reservado escepticismo de Alonso de Sandoval; del reclamo y la resistencia por parte de Analia Tu Bari; de las inquietudes vitales y los cuestionamientos planteados por Dominica de Orellana; del grito de rebeldía lanzado por Benkos Biohó en contra de todo lo que representa el despojo. No se quedan atrás el relato en torno a la búsqueda de una justificación para la existencia por parte del escritor el escritor Thomas Bledsoe ni la voz del personaje innominado por medio del cual se emparentan la ignominia de la esclavitud americana con el desaliento que produce en el espíritu humano la desastrada huella generada por el holocausto nazi.
Alrededor de estas voces centrales existe una saga de personajes que no dejan de ser importantes para el relato. Seres tan bien confeccionados que se convierten en prototipos de las facetas humanas que entrañan; que nos dejan ver a través de sus acciones e ideas cada una de esas cosmovisiones forjadas a través del tiempo, en medio de las contingencias que a todos los seres humanos nos corresponden. En este nivel nos compenetramos, entre otras caracterizaciones, con la picardía casi perversa de la cómplice Magdalena Malemba; con la búsqueda de la tranquilidad brindada por la soledad a la que siempre parece aspirar el capitán Alekos Basilio Laska y con el equilibrio y la comprensión marital encontrados por la tan opuesta pareja formada por Stela y Hans.
Todos estos personajes y las situaciones que protagonizan se abren ante el lector como un camino para la comprensión de los más profundos recovecos de la espiritualidad humana. Una espiritualidad diversa, alimentada por las creencias, por las convicciones, por las búsquedas que a cada hombre, dependiendo de su tiempo y su contexto le competen. Es así como esta novela, colmada de voces que exigen el respeto por la diferencia, está planteada como una totalidad con la que el escritor confirma una vez más la permanencia de este género y a la vez demuestra que la ambición narrativa de recrear el mundo y al hombre en su integralidad sigue siendo posible.
Por medio de estos relatos que se entrecruzan utilizando como pretextos narrativos las indagaciones y los apuntes hechos por un escritor acerca de una parte de la época de la colonia en Cartagena de Indias, la búsqueda de respuestas en torno a la validez del oficio de la escritura y la justificación de la existencia por parte de este mismo escritor así como a través de las percepciones de un profesor de literatura acerca de la realidad europea posterior a la segunda guerra mundial, nos inmiscuimos en una serie de saltos temporales y espaciales que permiten recrear un mundo posible a partir del cual podemos comprender que la historia de la humanidad es una sola y que todos sin excepción hacemos parte y somos responsables de ella.
Esta novela, a través de sus personajes y situaciones, recrea esa faceta del ser humano a la que los múltiples vicios de esta sociedad nos han hecho esconder. Se trata de esa capacidad que nos faculta para ser sensibles, para conmovernos ante la desgracia y dimensionarla hasta el punto de comprender que a partir de ella también podemos construir y crecer. “La ceiba de la memoria” es un testimonio del espíritu humano con sus defectos y virtudes; un compendio de voces que claman desde la diferencia; voces que hablan de nuestra humanidad constipada por las dudas y las frustraciones que en última instancia, entre todos, debemos resolver.

Jesús David Buelvas Pedroza