miércoles, 12 de julio de 2017

No serruchemos la champeta


Es lastimoso que muchos cartageneros y colombianos de otras ciudades perciban la champeta como una música generadora del atraso y el conflicto social del pueblo que la escucha y la baila. Antes de que dicha percepción sea un motivo de chambrana entre quienes así piensan y quienes la defienden, tal apreciación debe ser un punto de partida para una reflexión profunda sobre lo que fue al inicio y lo que ha llegado a ser la champeta. Me parece bien que sea defendida por sus amantes aunque a mí no me cuadre tanto la forma en que lo hacen pues con ello se niegan a la autocrítica de su expresión musical y por ende al crecimiento de la misma como una forma de arte.
Es una lástima que una expresión musical que pudo haber sido representativa no solo de Cartagena sino del Caribe colombiano no haya seguido un rumbo más loable en cuanto a formación de sus intérpretes ni maduración de su manifestación musical misma. Esto genera que muchas personas la rechacen e incluso nieguen sentirse representadas por ella así alguna vez hayan escuchado o tarareado algunas de sus canciones.  Recuerdo y disfruto muchas letras iniciales como “El liso en Olaya”, “El analfabeta” y “El metemono”, entre otras. Sin ser reaccionario puedo afirmar que esas composiciones y el trabajo hecho por Viviano Torres, el Yonqui, el Afinaito y el Saya daban la impresión de que estaba surgiendo un género musical que expresaría las inquietudes de un pueblo que necesitaba eso; un símbolo de resistencia y por qué no de revolución para su gente.
Yo, amante de la música, intento hoy día encontrarle sentido y disfrutar de lo que hacen los nuevos exponentes de esta expresión musical y me es imposible. Tocaría escuchar lo que dijo el mismo Mr. Black en una entrevista a una de nuestras también cuestionadas emisoras de FM. El hombre, parece ser, quería regresar a su forma original. Sería bueno que pudiera hacerlo pues desde “El serrucho” perdió el norte como exponente de lo que en sí era una expresión que se necesitaba pero que se desdibujó por diferentes razones.
Considero que fue dañino para la champeta la intervención oportunista de algunos personajes que en su figureo politiquero llevaron a sus cantantes a algunos escenarios nacionales antes de tiempo. Esto fue inconveniente pues tales intérpretes no habían madurado ni musical ni artísticamente lo que los hizo malinterpretar ese “fulcro” que se revirtió en contra de la música que practicaban. El otro gran obstáculo para el crecimiento de la champeta lo marcó el impulso que las emisoras le dieron al reguetón. Desde ese momento la champeta se reguetonizó para poder competir y cayó en lo que hoy día es. Para entonces comenzaron a hablar de lo que se llamó Champeta urbana. Expresión que resulta redundante pues esta música había nacido en la ciudad y ya era urbana desde su origen.
Lo otro a revisar son los fenómenos sociales que se dan alrededor de la champeta y con los que sus detractores la atacan presentándolos como efectos de las letras y el escándalo que se genera a partir de algo que dejó de ser música para convertirse en simple golpeteo. Pero ya sacaré espacio para ello más adelante.
No estoy en contra de la champeta. Estoy en contra de lo que la hizo perder el rumbo. Algo que todavía sus intérpretes, sus defensores y el pueblo que la oye (mi pueblo) no se detienen a revisar para, a partir de ello, constituir una verdadera expresión musical que influya de manera creativa en el crecimiento de una población que se lo merece. Recordemos que las grandes revoluciones han estado acompañadas de grandes expresiones musicales y eso podría ser la champeta si sus exponentes no se vendieran ante las ideas del dinero y de la fama (que no llegan cuando la expresión no rebasa lo local) o ante el oportunismo publicitario que en lugar de mostrarlos en su esencia, los muestra como algo exótico y prostituible.
Revisión para el crecimiento y no ataques ni defensas centradas en la terquedad y la falta de análisis que nos impiden ser autocríticos y obstaculizan el progreso artístico. Eso es lo que propongo por el bien de la champeta y lo que ella podría representar.

                                       Jesús David Buelvas Pedroza

jueves, 8 de junio de 2017

Centros

Por alguna razón inexplicable (como muchas otras) un hombre se ha parado en el centro del planeta, el cual por coincidencias astrológicas y astronómicas se encuentra, en ese momento, alineado con el centro del universo. 

Como es de suponerse, de inmediato se entabla entre este hombre y el mundo un conjunto de relaciones místicas que desembocan en la lucidez extrema. Por un instante él se adueña de todas las preguntas y respuestas que el género humano, en compañía de sus sabios y de sus dioses, ha buscado por miles de años. 

En un lapso de tiempo todo ha coincidido para después  continuar su marcha. Los centros se desvirtúan y la convergencia se rompe. El hombre da un paso para caer de manera irremediable en la locura. 

Jesús David Buelvas Pedroza  

sábado, 20 de mayo de 2017

Solo… un muñeco



Sólo un muñeco sobre el techo de la casa vecina.
Lo veo desde la ventana del segundo piso.
Me pregunto en qué tarde de juegos habrá llegado hasta allí.
Parece contarme acerca de las manos
de los mimos y apretones que extraña
de los días en que reposó sobre una almohada
mientras penetraba los sueños de una cabeza infantil.
En ocasiones he querido rescatarlo
devolverle un poco de esa vida que dio
a quienes lo usaron para crecer.
Seres humanos muy parecidos a mí
cuando me alejo sin llevar a cabo mi anhelo.
Un adulto apto para ignorar los arranques
del niño que se asoma a la ventana
quien con su voz de matices que ya no distingo
me recalca que siempre dejamos las cosas que fuimos
(las cosas que tejieron la alegría de nuestra existencia)
para dedicarnos, irremediablemente, a ser nosotros mismos.

Jesús David Buelvas Pedroza


jueves, 13 de abril de 2017

Apuntes sobre ortografía

La ortografía no es un asunto académico. Es un ejercicio de pensamiento que se da cuando se escribe con profesionalidad. Ni siquiera quienes estamos dados a la academia nos salvamos de los errores ortográficos. Por más práctica que tengamos, siempre se cuela alguno que otro gazapo. Lo que hacemos es tomarnos la escritura con reposo y revisar antes de publicar.
Creo en la libertad de pensamiento y de acción y quien desee publicar sus mensajes sin revisar y corregir ortografía y demás está en todo su derecho. Desde una perspectiva pragmática se valida esta posición en la que lo que importa es el contenido del mensaje. Sin embargo, es preciso aclarar que la atención a la ortografía es un asunto de contexto y en el contexto académico es necesario para hacernos entender y no por el simple hecho de guardar de manera psicorígida una regla.
Por otro lado, es necesario aclarar que las reglas no deben verse como anquilosadoras de la evolución y la vida del lenguaje. Estas solo existen para regular en la medida en que garantizan los mínimos necesarios para que haya comunicación.

Jesús David Buelvas Pedroza

sábado, 25 de marzo de 2017

Reflexiones sobre la sociedad, el pensamiento y la educación



La posición de esa gente que piensa que la tecnología y la ciencia, más la primera que la última, constituyen la panacea en cuanto a la solución de los problemas del mundo surge principalmente de una estructura mental débil producto de una educación encaminada a cualquier otro objetivo menos al de formar pensadores críticos, capaces de ver la realidad desde una perspectiva amplia y a la vez profunda. La ciencia y la tecnología no son perjudiciales en sí, están ahí como lo está una hoja de papel frente al escritor o un libro de filosofía o literatura frente al lector. Se precisa por parte del sujeto, del hombre, tener unas herramientas conceptuales y unas habilidades de pensamiento para ver la importancia, en la justa medida de cada una de estas realidades. Cada forma del conocimiento tiene una función loable dentro de la sociedad que hemos formado pero somos nosotros, a partir de nuestra formación, quienes sobredimensionamos unas y menospreciamos otras.
Siempre le digo a mis estudiantes, usen la tecnología no dejen que ella los use a ustedes. Pero es difícil que unas cuantas palabras puedan más que la impresión causada en el cerebro de cientos de miles de seres humanos por la idea de confort y de consumo transmitida a través de los diferentes medios con los cuales nos relacionamos a lo largo de nuestras vidas.
De todas formas es preciso seguir siendo y luchando. Pronunciándonos desde el pensamiento que nos mueve y desde las acciones que este conduce.

sábado, 18 de marzo de 2017

Textos sobre educación y otros tópicos.



Todavía existimos idealistas, enfermos de optimismo que creemos que los conocimientos humanísticos y las carreras de esta línea tienen sentido y valen la pena ser estudiadas. Algún profesor de filosofía, en mi adolescencia, me dijo algo que nunca se me ha olvidado; dijo algo como que la filosofía y la literatura aportan al mundo la posibilidad de dimensionar al hombre, de rescatarlo desde el más fondo abismo en que está siendo sumido por el entorno de consumismo y confort en que le toca vivir. Yo le creí y le sigo creyendo, sobre todo cuando le hablo a mis estudiantes desde cualquiera de las dos áreas y veo como se les iluminan los ojos ante la posibilidad de ver el mundo de manera diferente. El problema no está en que la filosofía y la literatura no tengan una aplicabilidad en el mundo de hoy. Creo, es mi parecer y como todo parecer discutible, está en parte en la actitud de quienes las estudian y quienes las enseñan. Estos, muchas veces no saben cómo hacer que dichos conocimientos adquieran sentido en la vida de ellos ni en la de los estudiantes. En medio de esa crisis de optimismo en la que vivo, sueño con un mundo en el que cada profesional sea capaz de ver que todo lo que se hace desde cualquier carrera se hace por y para los seres humanos. Y, a mi modo de ver, esta posibilidad de lo humano solo se puede percibir y afianzar a través de estos conocimientos aparentemente, solo aparentemente, nada prácticos.

lunes, 16 de mayo de 2016

Noticiero

He recibido mi dosis personal de violencia.
Casi cuarenta minutos frente al televisor
para que los presentadores – él vestido de frac
ella con un atuendo muy clásico –
me dispararan la ráfaga de atracos
de ataques con ácido
de accidentes automovilísticos
y de asesinatos pasionales
con que los reporteros han coronado el día.
El con gesto adusto ha anunciado
el desmonte de una estación espacial
cuyos fragmentos comienzan a caer
en cualquier lugar de la Tierra.
Ella, impasible, habla de la corrupción
de los efectos del desfalco en el erario.
El raponeo, las bandas de sicarios
las pandillas y la violencia policial
han sido incluidos entre las notas del día.
Frente a esto, yo, televidente de ocasión
apago el televisor antes del reporte internacional.
Evito ver lo anterior llevado a escalas mayores
tal vez al estado de la guerra total
en que quizá el mundo se encuentre.
Me prohíbo pensar en las calles
en los orates y sin casas que las habitan.
Pienso en la franja de farándula
con que el noticiero culminará
este trágico inicio de mi jornada laboral.
Esta primera dosis me obliga a pensar
en las garantías del encierro
en optar por meterme debajo de la cama
en no abrir la puerta
para evitar que una bala perdida
pulse en mi cabeza el botón de apagado
que mandará al carajo todo esto.

Jesús David Buelvas Pedroza